
Me encanta el sonido de los grillos en verano. Me recuerda los viajes familiares en la playa, cuando era niña, cuando era joven y tenÃa más de dos meses de vacaciones. Por las noches, a veces, el sonido era insoportable.
Me recuerda el sonido del mar, el olor a salitre, la brisa nocturna y las luces brillando a través de la costa. Mis primeros escarceos amorosos, con esa mezcla de nervios y excitación, la respiración agitada de ambos y... los grillos allÃ, siempre agitando su alas, seguramente para refrescarse también de los efluvios amorosos de los jóvenes.
Esta noche los acabo de escuchar. Es extraño, no habÃa sido consciente hasta ahora que en el jardÃn habitaban estos pequeños bichos. Añoranza, tristeza y a la vez, gratos recuerdos. Me doy cuenta que mis manos, al escribir este post no son tersas. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero la frescura juvenil sigue en mis recuerdos y en mi corazón.































